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Hacer las cosas a medias y otros quehaceres

24 octubre, 2010

Los primeros quince días el cotidiano se impregna de dosis de locura. Comer, vestirse, cocinar, escribir un correo electrónico, hablar por teléfono, etc…, se convierten en tareas difíciles de consumar en un solo tiempo.

Todo se transforma, todo. Y yo me convierto en una especialista en hacer las cosas a medias hasta el punto que tengo varias cosas iniciadas y sin terminar. Hay momentos en que es mejor reconocer que no se puede hacer nada (depende del día). Sobre todo si la lactancia es a demanda, si el bebé es un tragón y hay picos de crecimiento.

Los bebés, al principio, son absorbentes, es cierto. Pero son cautivantes. Enloquecen. Fascinan.

A medida que pasan los días, todo se va acomodando lentamente. Martí se adapta a la vida en el exterior y yo me adapto a él. A ser dos seres separados, en lugar de ser dos seres en una.

En el momento que empiezo a encontrarme con otras madres con bebés , me percato que a todos los bebés les pasa, más o menos, lo mismo y que el mío no es el único. Algunas de las preocupaciones se diluyen y el cotidiano empieza a ser más relajado. Salir a la calle, conversar con otras personas y madres primerizas, realizar alguna actividad es importante porque todo se suaviza. A continuación apunto algunas cosas que estoy aprendiendo / asimilando, entre muchas más:

  • dar de mamar a demanda cuando es el bebé es un recién nacido representa a casi a cada hora;
  • la mayoría de los bebés se quedan dormidos en los brazos y después se pasan a la cuna (al principio -y a veces al final también- resulta casi imposible ponerlos en la cuna y que duerman sin más y te tranquilizas cuando ves que a todas nos pasa lo mismo);
  • muchas veces si no hay pecho, no duermen por la noche;
  • lloran y muchas veces, después de haber intentado todo, no sabemos el porqué ni qué hacer. Todas vivimos algún momento desesperante;
  • cuando salimos con el cochecito, en cualquier momento, en el metro, en el bus, en el supermercado, en el videoclub, etc., en la calle, pueden necesitar mamar o se ponen a llorar porque no quieren ir más estirados;
  • todos los bebés se aburren si durante un tiempo están en la misma posición, sin estímulos;
  • nos transformamos en especialistas en hacer las cosas  en 2 minutos, ducharnos, comer, escribir un email…;
  • nunca logramos ser puntuales, por muy preparadas que estemos siempre hay algún contratiempo antes de salir.
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