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Crónica de una lactancia prolongada que llega a su fin

3 diciembre, 2012

Hace un año me propusieron hacer de informante para una tesis sobre lactancia prolongada de una compañera antropóloga. Los encuentros que mantuvimos me hicieron replantearme muchas cosas. Además, me ayudaron a seguir quebrando estructuras en mi camino de aprendizaje sobre los procesos de la maternidad y la lactancia. Pude manifestar en voz alta y sobre todo reflexionar acerca de conceptos y sentimientos que yo misma esbozaba desde hacía un tiempo.

foto-3Ahora, creo que ya ha llegado el momento de decir en voz alta que la lactancia ha terminado. Conviven en mi interior un cúmulo de sentimientos dispares y de intensas sensaciones que no sé si lograré plasmar a través de la escritura semejante expansión. Sin embargo, necesito que las palabras esculpan mis sentimientos.

En este maravilloso viaje sin fin, mi instinto, la experiencia de parir y la lactancia afloran entrelazadas, tejidas por un hilo apenas impalpable. Así, sin más, nos hemos dejado llevar. Sencillamente, hemos permanecido en la levedad, viviendo nuestras sensaciones de manera natural.

Los primeros quince días fueron un poco duros, entre las grietas, las pezoneras y las subidas apoteósicas de leche pero mi eterna y profunda confianza en la lactancia natural superó cualquier adversidad. Cuando mi hijo tenía 7 meses volví al trabajo y el saca-leches se convirtió en mi compañero habitual hasta que cumplió un año. Con 14 meses me planteé el destete, tenía muchas contradicciones que se debatían entre mi instinto apasionado por seguir lactando, mi inseguridad -a veces absurda- por generarle una aparente dependencia sobre todo a la hora de dormir, influenciada por algunas presiones sociales y mi temor por la pérdida del “vínculo”. Pasó, todo pasó, salimos de esa pequeña crisis junto con el apoyo de mi pareja que vivía la lactancia de una manera relajada y natural.

A lo largo de estos 27 meses de maternidad he aprendido a relativizar. Y sigo, sigo aprendiendo a mirar bajo prismas diferentes. Comprendo que tanto las necesidades de mi hijo como las mías en relación a la lactancia se han ido transformando. Precisamente creo que el secreto se refugia en el propio aprendizaje sobre como gestionar y desnudar estas necesidades.IMG_1424

Martí se ha destetado con 27 meses. Estoy feliz. Feliz y orgullosa por haber tenido la oportunidad de haber vivido y vivir esta maravillosa experiencia, de compartir un vínculo puro y dejarme llevar a través de mi instinto, por haber seguido y seguido, a pesar de miradas y comentarios. Y por haber cumplido un objetivo que yo misma me propuse: el destete natural.

El temor por la pérdida de ese vínculo tan intenso y apenas ininteligible se ha desvanecido. Permanece. Ha adquirido un matiz envuelto de ternura y fortaleza.

De vez en cuando, Martí me dice “tetita” y me regala una sonrisa pícara, una mirada cómplice.

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