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Siguiendo nuestro rumbo transoceánico

22 diciembre, 2014

La última vez que estuve en el aeropuerto de Guarulhos (Sao Paulo) fue hace siete años. El 31 de diciembre de 2007, un día especial, acompañada de una persona especial. Nos disponíamos a iniciar un periplo fascinante por tierras brasileñas. Nuestra primera parada fue Sao Paulo y del aeropuerto de Guarulhos tomamos el avión a las 23:50h, dispuestos a experimentar un fin de año inusual a bordo de un avión. Aterrizamos unas horas más tarde en Manaus, la capital de la selva amazónica. Este viaje por Brasil cerraría un ciclo de mi vida en el cual me desarrollé plenamente en mi esfera personal y profesional. La experiencia de vivir, trabajar y viajar por América Latina me regaló un profundo aprendizaje, a todos los niveles, que penetró en mi sensibilidad más oculta.

Ahora estaba de nuevo en el aeropuerto de Guarulhos pero esta vez con Martí y Alma. Quien iba a decir que aquella persona con quien pasé un fin de año sobrevolando Brasil se convertiría en el padre de mi hijo y de mi hija. De aquel viaje mochilero por Brasil, con el tiempo, surgió una familia transoceánica.

IMG_2540A lo largo del tiempo mis mochilas de viaje se han ido transformando. Ahora mis hijos ya forman parte de mi equipaje. Viajar sola sofisticó mi pensamiento, trastocó mi sensibilidad hacia el mundo, para siempre. Crecí como persona gracias a otras personas. Viajar en familia me empodera, zarandea, de nuevo, mis sensaciones. Unas sensaciones que brotan como pulsaciones y envuelven a Alma y Martí. Hace diez años empezó mi aventura latinoamericana en Córdoba (Argentina). Ahora, esta idiosincrasia transoceánica ya integra mi vida y la familia que estamos creando.

Volamos hacia el encuentro de las raíces paternas. Este viaje forma parte de nuestro rumbo y de nuestra mirada hacia el mundo. Seguimos aprendiendo a vivir. Seguimos aprendiendo a mirar diferente. Seguimos descubriendo…
Allí estábamos en el aeropuerto de Guarulhos, haciendo escala, esperando el vuelo para ir a la frontera argentino-brasileña, donde nos esperaba Hugo.

Llegamos a San Pedro, capital de la Araucaria, en plena selva paranaense. A nuestra cabaña, nuestro hogar por un mes. San Pedro, un lugar recóndito, donde invoco experiencias de un pasado vivido en Misiones. La expresión de la naturaleza se mezcla con situaciones insólitas en una atmosfera sosegada y absolutamente subtropical.

Escritura y viajes, mis dos grandes pasiones, se manifiestan, de nuevo, fusionadas.

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