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Otra Argentina

22 enero, 2015

Vivir un mes en una cabaña en plena selva paranaense puede ser (y es) una experiencia idílica. La provincia Misiones es el lugar de la tierra colorada que adquiere el color rojo debido a la presencia de óxido de hierro y otros minerales. La mirada se nutre de verde y de tierra colorada. La interacción con la naturaleza es inmensa y, al mismo tiempo, oxigena el alma. Sin embargo, la escasez de infraestructura y la peculiaridad de un clima subtropical también forman parte de la postal. Las lluvias en el rincón de la tierra colorada son torrenciales. Justamente en el lugar donde estamos, San Pedro, cuando llueve se corta la luz, cuando no llueve también (aunque menos tiempo). Este año las lluvias han cargado con más intensidad. Las transformaciones climatológicas se están produciendo en todo el planeta.IMG_2276

Esta zona es turística, pero no en exceso, fruto de su naturaleza y de las Cataratas de Iguazú en la frontera con Brasil. Los amantes de la naturaleza se sienten realmente muy atraídos por estos lugares ya que todavía hay zonas muy poco explotadas. La presencia de familias muy humildes que habita los ranchitos (barracas) a pie de carretera también forma parte de la postal. Cuando llueve, esta gente nada entre las aguas. A todo esto se suma la escasa planificación familiar y falta de educación sexual, sin soslayar los profesionales que ya están trabajando en estos temas, pero aún falta mucho trabajo por hacer. Mujeres solas con varios hijos, adolescentes embarazadas, venta de niños/as. Este tema da para varios escritos.

Argentina no es sólo Buenos Aires, Gardel y el tango. Hay muchos escenarios en ella y éste es uno de ellos. Si bien Misiones tiene esta doble cara y varias realidades se entremezclan con sus profundos claroscuros, la convivencia con la naturaleza es excepcional en este lugar del mundo.

El viaje me inspira para escribir, como lo hizo años atrás, y esta dosis latinoamericana me zarandea, me hace reflexionar de manera intensa. Hacía tiempo que no me impregnaba de esta realidad, cuya agitación me impulsa aún más a fortalecer mi pensamiento y mis valores.

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Finalizaré esta entrega con una anécdota muy curiosa e impactante que, obviamente, también da para reflexionar acerca de las contradicciones de este mundo. Pasamos un día en una de las comunidades de indígenas guaraníes (Peruti), disfrutando de un asado y de la compañía de los amigos de Hugo. El hábitat de los guaraníes es el monte, viven de él, y su cosmología está en harmonía con la naturaleza. El silencio impregna las comunidades y la pobreza también, ya que son de los que más sufren la desforestación del monte y la desnutrición infantil. Durante el encuentro con la familia guaraní que fuimos a visitar, mientras las hijas le decían a Alma: “Yrupe, Yrupe”, entre risas, (es su segundo nombre y les hacía gracia conocer a una extranjera con un nombre guaraní) en un momento uno de los hijos invitó a Martí a entrar en una habitación de la casa donde había una play station y cuál fue mi sorpresa cuando le puso “bola de drac”, dibujos prohibidos en nuestra casa. En una aldea perdida en la selva paranaense, “bola de drac” sí llega. Da para reflexionar, ¿no?

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